Si tanto cuesta financiar empresas a base de negocios, préstamos, empleos, compras y ventas, especulaciones, apuestas y permutas, ¿qué no será lograrlo solamente sugiriendo a personas adineradas que se desprendan de su dinero y lo pongan al servicio de los pobres?

Pues esto hizo el padre Rafael García Herreros con pasmosa eficiencia mediante sus célebres “Banquetes del Millón”. He aquí cómo surgió la iniciativa:

Mientras dormía, dijo alguna vez el padre García Herreros, después de buscar desesperadamente la solución a la crisis económica en que se debatía el barrio Minuto de Dios, sentí como si la voz de un economista celestial me inspirara la idea de hurgar en las conciencias y en los bolsillos de los ricos, invitándolos al Banquete más caro y más pobre del mundo.

Era el 15 de agosto de 1961, cuando don Jaime Villa, gerente entonces de la Corporación El Minuto de Dios, recibió un llamado telefónico: el padre García Herreros le proponía organizar un banquete en que sólo se serviría consomé y pan. Para dar a esa comida el nombre de banquete se requería audacia, y más todavía para fijar el precio de la boleta de entrada en cinco mil pesos.

Motivados así, pero sobre todo impulsados por el amor a los hermanos y la solidaridad con las gentes necesitadas, los generosos del país han acudido a los Banquetes del Millón, en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, de Bogotá. El número de los asistentes ha crecido de año en año como si fuera un río que aumenta sus aguas para ahogar en ellas la pobreza y el egoísmo. Si el primer banquete fue una aventura inesperada, los que han venido luego han sido una preciosa rutina.

Palabra y pan

“Bendecimos, Señor, este pan y esta agua y te pedimos por los que no tienen sino pan y agua que comer”, fueron las palabras con que el padre García Herreros inició el primer Banquete.

Con una bendición similar, con un breve discurso del director de El Minuto de Dios y la respuesta del Presidente de la República, suele comenzar cada año el Banquete del Millón.

Son unos minutos de meditación para pensar en el hombre que sufre, para reflexionar en los derechos de la persona humana, para soñar en la civilización del amor que podríamos todos construir, en la ciudad ideal que con el esfuerzo de los buenos ciudadanos se podría edificar, para presentar un balance social de las realizaciones de cada año.

El Banquete del Millón más memorable fue el trigésimo segundo, celebrado el 24 de noviembre de 1992, pues mientras éste se realizaba en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, el padre García Herreros expiró en su casa: precisamente en ese día y en esa hora, Dios lo invitó a su banquete celestial.